Wednesday, December 22, 2010

Redonditos al poder

[Articulo publicado en el segundo numero de la muy recomendable revista Crisis]

1- Gracias a Dios…
¿Dónde se juega la historia? El brote del cambio no siempre está allí donde sus efectos son más estridentes. Muchas veces lo que circula como visible está separado de su origen singular. Porque el monumento visibiliza -y vive de- lo que irrumpe como agite más que como discurso, como vitalidad no organizada según los códigos imperantes, y esa vitalidad histórica no tiene porqué indicar su proyección constructiva, su consecuencia institucional; agita con una frecuencia que abre posibles y planta intolerancias, como una negación que funda espacios de libertad sin necesidad de proponer alternativas globales.
Así las cosas, situar lo político no es sencillo; puede que la esfera destinada formalmente a tramitar la cosa pública no sea la que funda efectos políticos democratizantes, sino que las armas de insumisión y hambre sesudo de libertad vengan de otro lado. El denominado retorno de la política, entonces, merecería ser situado en su relación con las instancias de creación de posibles políticos. Como, por ejemplo, Patricio Rey: ese espectro pagano, ese tutor-excusa, ese tercero invisible pero común a todos los que estamos en su fiesta, que ya en los primeros años de la Dictadura protegía, en sus recitales, presencias de bronca jolgoriosa que querían “demostrar que hay vida antes de la muerte” (como decía el así llamado Mufercho, presentador entonces de la banda).
Esos espacios marginales –o mejor, excéntricos- contagian, contaminan, con su desesperada afirmación de autosuficiencia, vía vasos comunicantes complejos. Aún si pasan sin dejar monumentos, sino la apariencia-pendejada de que nada pasó, dejan la certeza, en los afectados, de que nunca nada podrá ser igual, en principio porque instalan un parámetro sensible y exigente para juzgar lo que advenga. Incluso si lo que adviene sí le hace un monumento a esa vitalidad, porque aquí, gracias a Dios, uno no cree en lo que oye. Es así nuestro Dios Patricio: gracias a él, no creemos.


2- Del 76 al 2001
La historia como banda activa de Patricio Rey fue de 1976 a 2001. Durante la dictadura tocaba en sucuchos, con monologuistas, performers varios y un obeso disfrazado de sultán que repartía bolitas de ricota, todo bañado por guitarra de Skay, hipnótica y frenética a la vez, y el inconfundible aullido-fricción de Solari. Con los Redondos se disuelve la oposición entre rock comprometido e intelectual y rock de joda: el rock ricotero es un pensamiento crítico que se baila.
El primer disco, Gulp!, fue grabado, distribuido y difundido en autogestión, como el resto de su trayectoria, sin empresas, sin sponsors, sin estructuras ajenas a la organicidad de su experiencia; esta fue de movida una de sus distinciones esenciales, que los inscribió fuera del “mercado” e hizo de su música algo más que música: el rock como expresión y sustento de otra concepción de la vida, de un mecanismo diferente de organización de las voluntades (Solari).
A Gulp! lo graban en el 84; en plena primavera democrática, abren diciendo “esta vez, por fin la prisión te va a gustar”. Desde su antro sucio y dionisíaco le gritan al encierro del espectáculo (aún el de la democracia). Eso es obvio en 1988 con Un baión para el ojo idiota, pero ya antes, en 1985, ese carnaval nocturno de intensidades, culto difundido de boca en boca, nombra su segundo disco con un saludo a la dicotomía política fundamental del siglo XX, Oktubre. No es nostalgia de la revolución perdida, no es un mero repliegue del proyecto emancipatorio en el arte. Porque se aprendió de las derrotas. El cambio no nacerá de una ocupación del Kremlin o la Casa Blanca; empieza por lo que hacés de la noche a la mañana, decía Solari, y cantaba –como si todo el tiempo y el espacio tensara su voz aquí y ahora- que un sueño acabó, ya te dijeron, pero no que todos los sueñitos… (Pura suerte).
Los Redondos condensaban la épica de las luchas contra la injusticia, el ímpetu de cambiar el mundo, con el vértigo sensual de cambiar la vida ya, sin necesitar convencer a nadie, sin conquistar voluntades; la libertad empieza hoy, porque si la emancipación es habitar la desigualdad desde la lógica de la igualdad (Ranciere), no se trata de sacrificarnos por un mañana sino de alterar la manera de estar donde estamos. Por eso ese disco, Oktubre, además de la tapa que pareciera reunir a Berni con Eisenstein en una noche de dark post-punk; además de la catedral platense en llamas, trae otro dibujo, uno de los que más alcance tuvo de la profusa iconografía visual que Rocambole (Ricardo Cohen, reciente Director de Arte de la UNLP) vertió vía Patricio Rey a la imaginería popular: el esclavo rompiendo su cadena. Esa figura demacrada que revolea con furia su cadena recién rota, la muñeca aún lastimada: la propia cadena, apenas suelta, se torna bandera de festejo de la liberación.
Ese es el esquema ricotero que hace que su obra –más allá de análisis y valoraciones-, música, letras e imágenes, atraviesen la cultura infundiendo en quienes se la apropian un inequívoco sentimiento de libertad: el esquema que va del malestar a la rabia, y de la rabia, por su propia fuerza de afirmación rabiosa, al festejo. Es fuerza, no poder. Así, los Redondos ofrecen una fuga del mundo que a su vez lo trastoca, porque ese “sentimiento” es una alteración de los valores. Es un raje (está llena de anuncios de raje, la lírica), pero el agujero de su salida ejerce un fuerza gravitatoria que obliga al entorno a posicionarse en torno a sí; una afirmación autónoma que instala ella misma los parámetros para valuarla. Un escape vanguardista.
Hoy, esa salida autónoma es la más insistente cortina musical de 6-7-8, o más que cortina, bandera, yo quiero verlas…

3 – Tandil, los redondos al poder
El del trece de noviembre en el hipódromo de Tandil fue el recital pago más concurrido de la historia argentina; ochenta mil personas dijo Solari desde el escenario; los tandilenses decían ciento veinte mil, misma cantidad que su población estable. Tandil vivió la fiesta de alojar algo que la excediera, esa marea virtual que, al corporizarse, desborda cualquier continente; miles y miles y miles de nómadas ocasionales, para los que no había nafta ni cerveza fría ni baños ni cigarrillos suficientes; millares de cuerpos que cubren calles y avenidas, convertidas en escaparate de banderas con nombres barriales y dibujos y frases tomados de Rocambole y el Indio. La gran tribu cubre la ciudad y espera cantando en su fiesta atávica; era llegar a Tandil y encontrar otro planeta que de pronto se expresa diciendo que está en este.
Esa marea ya no se desborda a sí misma como pasaba en los noventa. No deviene tierra de nadie; permanece tierra de todos. No se ve pungueo, arrebato ni saqueo, no se ven sí o sí peleas sangrientas ni avalanchas provocadas para entrar sin ticket, no se ve a la montada repartiendo palos al galope ni a los patrulleros rasando con descargas de balas de goma. De aquella crispación policial, hay que decirlo, puede haber cierta nostalgia, puesto que, en tanto reacción represiva, denotaba la virulenta fuerza de la marea en su regulación autónoma; es una memoria que puede contraponerse como recuerdo de intensidad ante la paz hoy reinante. Pero al final de la velada, después de horas aunados en masa fluida que grita, salta y baila, todos nos vamos felices y orgullosos de no haber perdido otro Rubén Carballo, otro Walter Bulacio, otro pibe a manos del poder de daño institucionalizado.
Es que los tiempos han cambiado. Por un lado, el dolor de Cromañón instaló una prudencia en los encuentros rockeros (sobre todo en los convocados por Solari, cuya única y fija bajada de línea desde el escenario siempre fue cuidensé). Pero específicamente la congregación ricotera, ya no se muestra erizada hacia el entorno –la versión dominante de lo público- como en los noventa, ya no se constituye en un radical a pesar del entorno; no se canta, por ejemplo, contra el gobierno, como se cantaba raudamente contra Menem, y apenas contra la policía. De los dos componentes principales de su pasión, ahora el festejo prevalece por sobre la bronca. La resistencia ricotera aguantó, las pasó duras –de hecho la banda no aguantó-, y hoy el entorno se le presenta menos hostil: no hay intendentes que suspendan shows, la policía no demuestra concebirla como enemigo directo, pero más aún, el ricoterismo parece haber devenido cultura oficial. No sólo banda sonora de la emocionalidad seisieteochista, sino fuente de consignas para La Cámpora (convocan a actos con la frase este asunto está ahora y para siempre en tus manos, nene), ¡parece que los ricoteros llegamos al poder!, y agradecemos al bramoso Aníbal Fernández por colgar en su blog los mapas para llegar a Tandil.
El análisis de la relación entre cultura redonda y oficialidad kirchnerista puede dejar de lado Las condolencias que, según el jefe de Gabinete, el Indio le mandó para Cristina (Si es posible y cuando lo creas oportuno, hacele llegar a la Presidenta el mínimo significado de nuestra sincera tristeza. Indio y familia). Porque el Indio no es tanto el líder, como el emergente del ricoterismo. La marea tiene su propia voluntad. Allí estaban, en Tandil, los militantes de La Cámpora tratando de ejercer la operación peronista de apoyar lo que se mueve para gobernar(lo) -la clase trabajadora en los cuarenta, los neoliberales en los noventa, los movimientos sociales y de derechos humanos post 2001-. Desplegaron una gran bandera y cantaban “soy ricotero, nacional y popular”, pero nadie se sumaba, y mucho menos con “soy argentino, soldado del pingüino”, pero sí se plegaba la masa (ellos no ven marea viscosa, ven masa trabajable) cuando iniciaban cantos netamente ricoteros.
Porque los cantos eran ricoteros, y ahí se ve cuánto el Indio –que facturó neto 9.600.000 pesos según la afluencia que él declaró- no es estrictamente líder: él y los Fundamentalistas del aire acondicionado mantuvieron la euforia escénica ante un público que alentaba un ay otra vez a Patricio Rey y sus redonditos de ricota como diciendo somos receptores pero nosotros decidimos el sentido de lo que nos estás dando. La hinchada repetía una y otra vez pocos cánticos; pero su devoción redonda no es una repetición sino una insistencia: aún frente a nuevas condiciones, se mantiene el enunciado –vamos los Redondos. Porque los Redondos no dejan de ser un ente abierto que incluye a quien lo grita. “Indio” no es un sujeto colectivo; sólo los redó designan en común a artista y público: no que sean iguales, sino que valen porque participan de lo mismo.

4- Legitimidad redonda
No es sólo por ese vínculo de consustancialidad entre emergente y público que el kirchnerismo busca arroparse con el sonido y la liturgia ricotera. No: a través de los Redondos, el kirchnerismo busca llevar a fondo su identificación con el estallido de 2001, sus efectos y su historia, la legitimidad dosmilunera (la paradoja de gobernar heredando el que se vayan todos, acaso superada en la plaza del luto).
Porque si los Redondos tuvieron efectos en lo público hay que buscarlos no sólo en el corpus musical ulterior, sino allí: en la revuelta de 19 y 20 de diciembre de 2001.
Habían sido entrenadas en la experiencia ricotera, por un lado, las formas de ocupación del territorio urbano del 19 y 20. Los saqueos eran frecuentes en los recitales de PR en los noventa, y, especialmente, el enfrentamiento con las fuerzas de seguridad en el centro (policía y privados, robocops sin ley), como puja callejera era menos propia de los saberes setentistas (aparato contra aparato) que de la experiencia de choque reiterado de las bandas ricoteras con la cana; sabíamos correr, aguantar, avanzar, seguir liderazgos variables, cuidarnos, no dejar tirados, llorar muertos… De hecho, una de las poquísimas veces que en la década del 90 las fuerzas de represión estatales tuvieron que darse orden de repliegue, fue en el recital de PR en Villa María, Córdoba, en mayo de 1998 (informó Clarín).
Además de la inteligencia material de la revuelta, también contribuyó al caldo dosmilunista cierta sensibilidad ricotera: la desconfianza ante el poder -mercantil y estatal-, el autonomismo autogestivo, y –cierto- rechazo al craso imperio de la nueva Roma.
Junto a los escarches de HIJOS, a las puebladas y cortes de ruta en el interior, los MTD’s en el conurbano, ese saber y esa sensibilidad ricotera fueron ingredientes esenciales de las representaciones de resistencia disponibles para la olla que estalló en 2001, y, aunque se quiera acusar como móvil del estallido al corralito, esos elementos fueron condición de posibilidad, cauce de existencia de ese grito que, sin organizar una configuración posterior, sacudió el tablero y dispuso nuevas exigencias y condiciones: esas condiciones en cuya fina lectura consistió el principal mérito del triunfalmente muerto jefe del peronismo, Néstor Kirchner (los pingüinos nunca caen para atrás).
Ahora bien, un punto adicional que merecería más pensamiento: si en 2001 termina la post-dictadura, en tanto lo que en ella era marginal pasa a ejercer poder de determinación central, gobernar legitimándose con la agenda progresista de la post-dictadura, ¿es progresismo combativo o cinismo que hace de un piso techo?

5- Con tanto humo el bello fiero fuego no se ve
Es ambiguo: nos alegramos de que lleguen al gobierno estéticas y retóricas y puntos de agenda que sostuvimos como resistencia muchos años. Al fin y al cabo la otra gran apropiación resignificante de 2001 fue el caceroleo propietarista de barrio norte y los piquetes de la abundancia. Pero al mismo tiempo, nuestro amo juega al esclavo y adorna nuestra esclavitud, y en el extractivismo exportacionista, sojero y minero, Gobierno y capitales acuerdan, derrame más, derrame menos (por no hablar de la burocracia sindical y la red de intendentes -perros que no se contentan con los restos- que constituyen el primordial sostén estructural del Gobierno).
Lo que más aprendimos es que la fuga, el rechazo a la mesa servida y el sostenimiento de una voz propia –aún o especialmente si no significa nada y es sobre todo intensidad de enunciación-, tiene efectos mediatos. Podemos entonces casarnos con el proceso de su institucionalización –apoyado y gobernado hoy por el peronismo, que nunca se casó con nadie-, o decidir que ese grito no es todo el grito, y gastar la vida sosteniendo los rajes de las formas habidas, como tribus callejeras que escriben la pared y sostienen, difusa, quizá atolondrada pero intensamente, el ánimo de otra concepción de la convivencia, el nervio del futuro. Confianza en lo que vibra de otra manera; en los noventa era imprevisible que el aguante derrocaría un gobierno (y unas formas de gobernar: con represión a mano, con el Estado como puro botones del capital transnacional, etc). Hasta la corriente de conversaciones anti-neoliberales, en aquellos años menemistas, fueron un modo del aguante, y su incidencia histórica es inconmensurable, pájaros de la noche que oímos cantar pero no vemos…
Y ante la asociación entre la realeza multitudinaria de Patricio y el Gobierno, el pogo más grande del universo. Es una enseñanza antropológica, la del pogo: se asume que todos, cada uno, somos peligrosos (por eso nos cubrimos con los brazos, incluso al principio con los codos), pero se apuesta por la confianza, por festejar el peso de los semejantes, por compartir una violencia habitable y anti-anodina. La marea, como dijimos, es fluida y espesa, te lleva: no podés apropiarte de un lugar. Durante Ji-ji-ji, en la inminencia del estallido poguero se abren con mucha fuerza grandes huecos para que haya espacio para el baile de chocar, pero apenas arranca la euforia, esos huecos desaparecen porque sus bordes también poguean, se fluidifican; el enorme campo se alisa y todos circulamos en caos veloz decidido, potencialmente tocándonos todos con todos, cualquiera con cualquiera, marea de potencia que perdió la forma humana, una igualdad fáctica entre ochenta mil cuerpos como muy cada tanto presencia la historia.



Thursday, December 09, 2010

Ensayos en vivo: ante la duda, todo

El sol cocina lento, amigos. Mientras tanto –dónde si no: eterna morada efímera- aquí estamos: consternados, rabiosos y de rabia exultantes; deseosos de juntada porque con tanto humo, el bello fiero fuego no se ve.
Por la felicidad algunos casi no pueden ni preguntarse. Junto a eso (pero separado) hay felicidades que nacen respuesta: no nos tengamos piedad, no dejemos pregunta sin experiencia.

Este viernes traducirán entrañas:

Elina Aguirre, guardavidas del mono que es nuestro señor, promete un elogio de los vecinos.
Fernando Aíta, épico y chusma, compartirá su diario de cosmogonía de la calle boliviana.
Daniel Liñares, oráculo de Gerli, imaginará la reencarnación como retorno eterno.
Santiago García Navarro derivará de la deriva.
Agustín Valle, burro laico, preguntará por los vasos comunicantes de la afectación
Federico Raspu Levín se presta: Fede, Cobos y vos.
Ariel Pennisi propondrá pensar la emancipación más allá de la derrota
Y Carolina Nicora, dama cénit, abordará para todos nosotros, la vida y obra de Mariano Ferreyra.

Además y a dios gracias, Facundo Gorostiza pelará Bach, y Lula Mari, pictoria.

No volvamos, camaradas, aunque tiente. No buscamos la politicidad de la experiencia; buscamos la experiencia de la experiencia. En el fondo sólo se lucha por lo que se ama (el resto es consecuencia). ¡Y hay derrota en la victoria! La verdad, no sabemos. Pero portamos saber: la historia no tiene otra carne.

Ensayos en Vivo: casi cumpleaños. Cuatro. Un nene.
Este viernes 10 de diciembre
21hs, comer no es sólo alimento y gusto
22hs, magia atencional…
En nuestra Casa Compartida, pachamama: Pje Argañaraz 22 (E/Israel y Lavalleja)

Wednesday, November 24, 2010

El Estado de las cosas


Compañeros enemigos
Néstor es Néstor, es así, aguante Néstor, ¿no?: se fue un compañero. Compañero de qué, difícil saber. En todo caso, estas horas dan la sensación de que Néstor –más que Kirchner, Néstor- reactivaba la posibilidad de pensar en términos de compañerismo; o de que alguien en posición jerárquica del Estado pueda detentar el nombre de compañero; o de que, al menos, alguien en tal posición legitime y habilite el fortalecimiento de la semántica compañerista entre los verdaderos compañeros. Un compañero porque se montó en un proceso donde nos encontramos con los compañeros genéricos, como los encuentros del miércoles en la plaza: compañeros de antiguas luchas, colegas de investigación entre pibes becarios, compañeros tácitos de prácticas autonomistas diversas, colegas de incertidumbre, co-problemáticos, vecinos de cumpleaños, amigos de amigos, muchas clases de “otros yo”: nosotros. Es decir que Néstor era una especie de compañero aún si lo consideramos, en algunos puntos, enemigo: Compañero por compartir un juego histórico donde se afirma el compañerismo, aunque no todos jueguen el mismo juego. Néstor, está claro, jugaba un juego que venía e iba más allá de él. Y su muerte agita ese juego: ¿hasta dónde puede llegar, el juego histórico abierto, rodeado de amenazas de cierre?

Peronización y dosmilunización.
Alguna fibra toca, Néstor. Este país es peronista, no hay nada que hacerle: ¿será eso? Es dudable, considerando que Néstor es Néstor fundamentalmente por cuánto y cómo se montó a un proceso de movilización social –que no es lo mismo que un movimiento pero está cerca- que no era peronista, que se había ido caldeando como oposición a un gobierno presunta y oficialmente peronista, aunque explotó contra un gobierno radical; en fin, Néstor supo, en todo caso, peronizar el dosmilunismo, dosmilunizar el peronismo. Pero queda una –tantas…- pregunta: ¿Hay brecha entre peronismo y kirchnerismo?

Estado sensible
Con Néstor nuestra generación sintió un Estado, si podemos pensar esto más allá, o más acá, del relleno que pongamos en la noción de Estado: que hay algo ahí, general, explícito, moviéndose, ocupándose de algo. Sí se sentía, algunos sentíamos, al Estado menemista: la presencia activa del Estado destruyendo sus alcances. El Estado como botones de los capitales. Y esto desemboca en que de pronto, durante horas y horas, la gente, o perdón, “la gente”, tiene un motivo muy hondo para entrar en la Casa de Gobierno (despedir al líder, saludar a la viuda y heredera), las masas finalmente inundando la casa Rosada, pero invitaditas, no invadiéndola.

Ha muerto un hombre.
Al fin y al cabo, ha muerto un hombre, con dolor en el pecho, con latidos y pulsaciones, con aprehensión y agite, con su definitivo estertor. Con sus deudos, sus herederos, intérpretes. Y su luto.
Al día siguiente de la muerte, jueves, atravesé el centro de la ciudad a la mañana, a pie. Venían y venían gentes a hacer presencia en la despedida, en la bienvenida a este nuevo momento; venían gentes sueltas y gentes asociadas, muchas agremiadas. Por ejemplo, cuando cruzaba la nueve de Julio, pasaron por nuestra avenida récord dos o tres camiones con la caja trasera descubierta, tipo los que transportan gaseosas, llenos, allí atrás, de “trabajadores” (asalariados, representados por el imaginario kirchnerista, defendidos en su indexado sueldo por la denominada burocracia sindical) con sus pilchas y hasta sus cascos: impresionante, venían como de fiesta, haciéndose chanzas entre ellos, y arengando a la gente en la calle, gritando, agitados; daba una especie de alegría verlos transitar la calle con su eufórica presencia, con la adrenalina de estar apropiándose por un rato de zonas cotidianamente dominadas por el universo de saco y corbata (y multitud lateral de cadetes). Es que claro: la movilización, en tanto que movilización, excita, alegra, festeja. Reunirse, hacer fuerza juntos, provoca un ímpetu de confianza respecto de los efectos de estar nosotros en el mundo. O es como dice un amigo, gorila por fina izquierda: es así el peronismo, tiene un fiambre y hace una fiesta, sabe que así hace historia… ¿Nos quedaremos fuera, por exquisitos, de la historia? ¿Y ese afuera sería impoliticidad o sostener líneas de fuga?

Sentido común por diluvio
Al igual que en los festejos del bicentenario, la masividad de la afluencia fue tan y tan creciente que los medios netamente anti oficialistas debieron plegarse a la noticia… pero todavía más que aquella vez, Clarín se ve imposibilitado de negar la masividad –masividad cromáticamente albiceleste, más que albiazul-, debe rendirse, es decir, plegarse, sumarse. Había pasado en los festejos del bicentenario: con el paso de las horas y los días, la increíble afluencia de público impidió que los grandes diarios hicieran otra cosa que sacarse el sombrero opositor……
Pero ahora, esta vez, Clarín aprovecha que no puede no montarse en el reconocimiento de esta masividad, de este triunfo, al fin y al cabo, de esta triunfante y exitosa muerte de Néstor Kirchner, parar salirse de ese lugar ideologizado, parcializado, en que se convirtió (o desnudó, da igual) en estos años, y volver a encarnar el sentido común, encarnación que fue su mayor logro post-dictadura. Reconocen la muerte patria, entonces, y anuncian que empieza otro tiempo político, la muerte del kirchnerismo…

Lo que viene lo que viene…
Muchos fuimos a la Plaza por miedo. Bah: yo no fui a la Plaza, que se sepa, pero muchos de los míos, de aquellos de quienes soy suyo, fueron, creo, por miedo. Por consagrar a Néstor como preservador de unos logros ante fuerzas que, en su ausencia, amenazan hasta no sé sabe dónde. Y en parte, creo, ese miedo, que deriva en un apoyo al kirchnerismo, en realidad se basa en una crítica, implícita: el sentimiento íntimo de que el kirchnerismo adoptó la agenda del progresismo, al menos en algunos puntos, pero transitó esos puntos sin ser minucioso técnicamente, ni estratégico políticamente, y, sobre todo, sin cuidar la basamenta de movilización social que empuje esa agenda, de manera que, quizá, se hicieron un montón de cosas, algunas bastante bien (la Corte…), otras más improvisadamente (la presunta redistribución), cosas que crispan a la derecha, que, así, cuando venga por revancha no encontrará una sociedad organizada para resistirla, y, entonces, ahora podría pasar cualquier cosa.
Pero no sólo del lado de los enemigos del proceso podría venir el retroceso, sino también de los integrantes reaccionarios del proceso mismo. Y este punto también abreva en la tradición peronista. Ya se venía viendo: en el asesinato patotero del pibe Mariano Ferreyra.
En ese choque se vieron dos líneas abiertas, fomentadas por el mismo proceso (la reivindicación de derechos de un lado; el negocio empersarial y la potestad sindical –propietarista al fin- por otros), que devienen enemigas entre sí. Y el conflicto se dirime por parte del sector más apoderado, con un uso cada vez más oficial de la violencia informal, como dice también mi rojo amigo. Ese asesinato fue absolutamente lógico respecto del modelo de acumulación del kirchnerismo, acumulación tanto económica como, sobre todo, política. Dicen que esa exacerbación de las contradicciones efectuadas por su política alteró la salud del millonario patriarca Néstor, que, al morirse, casi que lo terminó de matar a Ferreyra.

Células dormidas
Y sin embargo, esa falta de base social capaz de movilizarse empujando el proceso hacia adelante (burocratizados los movimientos sociales, estatizadas casi las Madres, contenta en paritarias la CGT), se vio, acaso, desmentida esa noche de miércoles en la plaza.
Muchos cuerpos, cuya cotidianeidad está como separada de la manija de la historia, entraron (¿ocasionalmente?) en su cauce, revelando que tenían una politicidad latente, que, si las papas queman, allí estamos, no pasarán...
Por otro lado, las formas mediatizadas de leer la situación no alcanzan, según parece por la efervescencia de mails, textos, comentarios y conversaciones: una corriente atolondrada y lúcida que busca encontrar su verdad, no consumirla (esta observación misma me la hizo un amigo...).
Dice por ejemplo el Ruso:
Creo que no hay que hacer seguidismo bobo ni tampoco aislacionismo purista. Elaborar dispositivos autónomos de percepción y producción, que convivan con el proceso en curso, dialogando, proponiendo, señalando y no dejando morir la imaginación política radical ni el malestar con el modelo “distribucionista” que democratiza el consumo y pone la vida entera a laburar.
O sea, una disyuntiva es si defendemos el kirchnerismo como vanguardia responsable de un proceso democratizante, o si es defendido autónomamente como piso del que no queremos bajar, piso, al fin y al cabo, compuesto por las condiciones que la movilización eclosionada en 2001 instaló como exigencias a la gobernabilidad, y que Néstor, pragmático, supo leer. O sea, kirchnerismo o anti-antikirchnerismo.
Entonces –optada la segunda opción- lo que importa es, como se dice, lo que pasa por abajo. Si “la vuelta de la política” es una conversión del agite en defensoría institucional, en lo cual implícitamente se admitirían como inevitables las enormes zonas de continuidad del kirchnerismo con los “intereses creados”, sea el no otorgamiento de la personaría a la CTA, como el sostenimiento del modelo extractivista –base, en definitiva, de la caja de distribución “progresista”-, el descalabro en el INDEC, etcétera (el verdadero Macri es kirchnerista, compañeros). Pero como dice mi amigo rojo, en su casa siempre abierta: discutir política no puede agotarse en poner en la balanza aciertos y faltas (que sería la máxima corrida por izquierda que Página 12 puede hacerle al Gobierno). No, discutir política es plantearse cómo se trató el poder. Y qué se hizo respecto de los sectores que, en 2003, eran los más vivos y dinámicos políticamente de la sociedad: apoyo, reconocimiento, y burocratización, estatización, y hasta caricaturización, si pensamos en los festejos del Bicentenario, por ejemplo en aquella enorme calesita mecánica donde muñecos de Madres daban vueltas y vueltas a una pirámide de mampostería, o ese camión de Fuerza Bruta (o algo así), también con Madres encima, en sus cabezas pañuelos resplandecientes, aureola luminosa, blanca de leds: este clip me pone tieso, me voy corriendo a ver…

Comunidad organizada
Una escena del miércoles a la noche en la Plaza. Me la contaron, claro. Repleta de gente la plaza y adyacencias. Sobre un kiosco de diarios, cerrado, subido un pibe, un pibito, unos dieciocho años. Pinta la pared, despacio, aplicado, con pintura. Abajo la gente lo mira. “Muerte…” y la gente lo mira: “Muerte al Estado”, y la muchedumbre desde abajo le grita, lo insulta, lo increpa, ¡pendejo de mierda, qué ponés, qué escribís! Se trata de un funeral de Estado, carajo, y la gente no tolera el graffiti del pendejo, lo insulta cada vez más, y él como inadvertido, sigue ahí, pero un tipo toma la iniciativa, un cincuentón ágil: se trepa como el pibe, se sube al kiosco de diarios y de una lo pone, le sacude la trucha al pibe que ni reacciona, recibe un golpe y otro y otro (golpes de Estado!), cobra hasta que un par de ciudadanos piadosos suben, también, y paran al golpeador, lo agarran al pibe, la gente de abajo le sigue gritando, y el concierto de defensores del Estado lo disuade, post-golpes, de tapar su escrito, cosa que el muchacho hace, cubre con pintura roja su proclama ácrata, y parece que con eso calma las fieras, pero cuando baja, nomás llegar al piso y acá no se sabe exactamente porque la persona que me contó sólo vio que la marea de gente –de agentes, definidos fácticamente- se le fue encima al pibe y lo deglutió en su defensa activa del Estado de las cosas, de las cosas obtenidas estos años, que, parece, son del Estado.

AjV, 28 de octubre y 23 de noviembre de 2010

Thursday, October 21, 2010

Para una historia de los fiambres públicos en Argentina

[Presentado en Ensayos en vivo]

¡Hay una historia de los fiambres públicos!
En la historia de la disputa por el sentido de esos fiambres, podría descifrarse la historia de unas correlaciones de fuerzas: las fuerzas que conciben lo posible, que definen lo visible, las fuerzas que conceden carácter común a ciertas exigencias, ciertos sentidos.
Un desfile de cadáveres dotados de la vitalidad de lo intolerable. Hitos en el mar normal de las muertes que pasan, admitidas como producción común. Banderas clavadas en la consistencia de los cuerpos muertos.

Hay muertos que alcanzan su voz, otros que no, y muchos muertos chirolitas de voces ajenas.

¿De qué se componen las afecciones, cuando replican lágrimas multitudinales, o cuando alimentan el lleno informacional, carne fresca contra la acidez del silencio? Batalla de muertos por la afección, batalla con muertos por la afección.
Juan Carlos Blumberg escupido e insultado hasta la expulsión de las marchas por los muertos de Cromanión, pero también, ahí, rechazada Carlotto. Historia intermitente del conflicto sobre los límites de lo que la sociedad mediática considera su interior.

Los fiambres del 19 y 20, por ejemplo, no provocaron una discusión sobre lo posible, como sí lo hicieron Maximiliano Kostecki y Darío Santillán, Maxi y Darío. Los mártires del veto activo a la posibilidad gubernamental de matar, de asesinar por motivos políticos. Sus nombres nombran algo. En cambio, de los treinta asesinados el 19 y 20, asesinados por el aparato represivo no del estado, sino de las fuerzas de gobierno, incluyendo el estado(), no quedó un solo nombre propio. Sólo el rosarino Pocho Leprati, y es un caso aparte, el Angel de la bicicleta.
No sabemos nombres, no son tanto personas como muertos. De Maxi y Darío recuerdo leer notas biográficas en los diarios, de lágrimas; también la película La crisis causó dos nuevas muertes, de lágrimas. Maxi y Darío, piqueteros, militantes barriales, trabajadores comunitarios, compañeros del aguante, Darío Santillán compañero que no abandona: un héroe muy frágil, una heroicidad del nosotros. De los muertos de dos mil uno, en cambio, no sabemos nada, ningún rasgo personal, salvo los motoqueros: que eran motoqueros.
Son muertos que no tienen una significación, un sentido, a la altura de su estremecedora violencia, de su atenta sensibilidad y su arrojo entregado a la historia. Pareciera que quedan dentro de la respuesta –y apropiación- oficial a lo abierto en 2001. (Eso muestra el video de Rubén: los muertos del dos mil uno pegados a los de los setenta, como giles que cayeron en una farsa.
Esos fiambres son puro fiambre numérico, fiambre imagen, sin implicancia de sentido. Es como si nos olvidáramos de que todo muerto es político… Como si no pudiéramos asignar un sentido de vida a esas muertes. Es el sentido de la vida el que valoriza criteriosamente la muerte. Esos criterios de valorización son la disputa… Axel Blumberg es un sentido de la vida; Romina Yan otro; Fuentealba otro, Yabrán otro; Comandante Ernesto Che Guevara, nuestro cadáver exquisito, otro.
¿Qué efectos políticos tiene que no se sepa quiénes son los muertos del 19 y 20? La cápsula. No tenemos una imagen de politicidad disponible para nosotros. No son vidas políticas: sólo son muertes políticas. No se logró armar, asignada a ese morir público, la figura de una vida con deseos propositivos sobre lo común. No tenemos a mano el sentido de la vida de la vida que se juega en esa muerte. Son muertos sin vida propia. Pero entonces, lo que no está claro es la politicidad de esos cuerpos. O sea, no está clara su politicidad fuera de ese día. No está claro hacia dónde tiran la historia, qué capital nos dejan en términos de politizaciones posibles, de invención de modos de relación con el mundo, de dimensión de valoración de la vida. Sí tenemos una oficialidad de turno que, más o menos velada y más o menos parcialmente, vive de satisfacer las demandas encarnadas en esos cuerpos. Cuerpos que, eso sí, nos recuerda que siempre tienen, los cuerpos, una politicidad latente en los cuerpos.

Hay una dimensión de vitalidad que perdemos de vista por no encontrar contra qué y en forma de qué expresar la rabia, o, antes aún, el malestar. Y naturalmente, queremos que el malestar se transforme en rabia, y la rabia, por afirmarse, en alegría. Como el dibujo de Rocambole (el de Octubre, el esclavo rompiendo las cadenas): la demacración en bronca que rompe cadenas, y la cadena como bandera del festejo del grito. Del malestar, del dolor, a la rabia, y de la rabia, por la fuerza de su afirmación negadora, a la alegría, y desde la alegría nuevos mapas de nuestra vida mundo.

Thursday, October 07, 2010

Ensayos en vivo: la muerte y los sánguches

Queridos amigos

¿Podremos hacer magia sin magia? Desconfiados nos hizo el tiempo, pero tenemos algo para decir. Ante una felicidad que tanto se parece a la muerte, ante la evasión ansiosa y eficiente, la vida no precisa justificación: zambullidos a la salvación que nos da el fracaso eterno.

Nada es del todo cierto, coexistentes, salvo nuestra convicción sensible de falsedad general: Mierda y pura mierda. Todo lo bueno nace a pesar de. Y nosotros, monos mañosos, revivimos de nuevo.

Este viernes, Ensayos en vivo: La muerte y los sánguches.

Harán el cacao:

Daniel Liñares, pensador de lo divino, se posará en El ardor y las llamas.
Ariel Pennisi, centrojás paciente, brindará anatomía del ensayista.

Pato Suárez tocaría pero no se sabe.

Osvaldo “desmentida del tiempo” Rodríguez matará a la madre.
Elina Aguirre, hada punk, sostendrá que Las fiestas de disfraces son la muerte.
Federico Levín, nuestro emisario para todo, hará justicia con Romina Yan y la muerte mediática.
Agustín J Valle, tartamudo por horarios, abrirá La muerte y la vida de Ensayos en vivo.

Y Rubén Mira, varón regalador, pasará o no pasará el video Dame dame dame, toda la noche escuchando Abba.

Hermanos distantes, ensayamos para un día que no llegará; vivamos el futuro en el presente. Que el aburrimiento como suelo común es un modo de control.
Por la gran aventura de la duda, por individuos que no coincidan con su función. Hedor y motivos para decir “esto”.

Ensayos en vivo, sin cuenta edición.
Viernes 8 de octubre
21hs multiplicaremos sanguchada. Importante!: Vale traer aderezos caseros.
22hs confianza en el lenguaje
En nuestra casa común Pachamama, ahí en Argañaraz.

Wednesday, September 22, 2010

Fóbal

[Afiche: Rodrigo Noya]
Con la narrativa, creo que el fútbol tiene una relación de consustancialidad natural: el partido mismo se relata, amén de la fruición descriptiva a la que invita. Ahora, narrativa hay mucha sobre fútbol, pero ensayo, o sea textos elaborados desde una pulsión de pensar, más que de contar, no tanto: desde Dinámica de lo impensado, librazo de Dante Panzeri del 67, hay que rastrear mucho entre cuentos y viñetas comentadas. Pareciera asumirse que aunque de fútbol se discute, se debate, se polemiza, no es terreno para pensar, que de fútbol se sabe, o no se sabe, o incluso que sólo se siente, en pobrísima escisión entre pensamiento y sensorio. Pero el juego es un pensamiento de los cuerpos en interacción: pensamiento geométrico, cinemático, temporal. Y la puesta en juego de ideas también es una fiesta de los músculos. Pensar el fútbol en sus muchas dimensiones es enriquecer la experiencia de aquello que nos encontramos siendo: futboleros. Concientes de, si se quiere, su inutilidad, porque no se persiguen utilidades ulteriores, la pasión se pone porque sí, porque ahí se pone. Fútbol y pensamiento son imposición de sentido inmediato.





Humor como recurso discursivo político:

"Porque la política, ya dijimos, es mucho menos afiliarse a un partido, o tener ciertos discursos generales, que que un grupo de pibes logre colectivamente problematizar una situación: encontrarle su lado grotesco, su lado estereotipado, sus lados agotados y sus posibilidades."

De un diálogo entre el Colectivo Situaciones y el Frente Estudiantil del Normal 4

Tuesday, August 31, 2010

Actúa

Vi un video en Internet, una filmación, o sea, ya no sé ni siquiera si la palabra “video” es correcta. Como sea, vi en Internet el video donde tres amigos son entrevistados; no se ve ni oye al entrevistador, y la cámara fija los toma sentados en un sillón, tazas en mano. Mirando al cuarto excluido, hablan de su militancia y pensamiento, historizaban (genealogizaban) sus posiciones en las sucesivas coyunturas urbanas, argentinas, regionales y globales. Los tres, por supuesto, serios, hasta graves. Interesante poder ver el relato del devenir de un pensamiento, y de su presente, cuando uno guarda algún acervo de memorias de los momentos esa historia; uno ve actuando activamente personajes (las ideas como personajes de una historia intelectual) cuya composición uno más o menos observó.


Los veía y creí entender que nunca estamos de otra manera que actuando, al fin y al cabo.


Pocas palabras son tan disyuntivamente valoradas como “actuar”.


Actuar es habitar un filo, filo que propone una indistinción del acto y la actuación. Hay que bancarse el filo, imagino, al verse online. Suelto, más o menos suelto, en el coro de fractales, donde algunos movimientos acaso se inscribirán como efecto de ese actuar bien tomándolo como acto, bien como actuación. Hace falta aguante y confianza para sostener un actuar que en principio no sabe si será acto o actuación.

Y ahí es donde el cinismo se encuentra en coincidencia con la presunta crítica del espectáculo 2.0 (donde consumimos nuestra propia emisión como imágenes-mercancía). ¡No actúes, que estás actuando!

Actuar la emancipación, ¿es actuarla o es actuarla? Ahí es donde el cinismo opta castrado y señala oportuno, y el vitalismo actúa y actúa y abre la posibilidad.

Monday, June 28, 2010

Advertencias

Reliverán
Metoclopramida

Venta bajo receta

Acción farmacológica
La metoclopramida estimula la motilidad del tracto gastrointestinal superior sin estimulación de la secreación gástrica, vesícula biliar, o pancreática. Su mecanismo de acción no está totalmente esclarecido. (…)

Advertencias
(…)
Depresión mental: la depresión mental ha ocurrido en pacientes con o sin historia previa de depresión. Los síntomas pueden ser leves a severos, y pueden incluir ideas suicidas o suicidios. Sólo debe administrarse metoclopramida a pacientes con antecedentes de depresión en caso de que los befenicios esperados superen a los riesgos potenciales.
(…)

Monday, June 14, 2010

De pies a cabeza. Ensayos de fútbol

Co-probelmáticos, a qué negarlo, actuamos alguna vez de nosotros mismos. Nuestro enemigo íntimo, nosmismos. Somos como cualquier otro: estos. Creemos y al mismo tiempo no creemos. Así es el fútbol. Pensarlo no es una elección; nos toca, el fútbol -nos afecta y nos corresponde.

La jugada es un concepto y la idea, fiesta de los músculos. Pobre quien suponga que de fútbol meramente “se sabe” o es “puro sentimiento”; la alegría, si es tal, es una, De pies a cabeza. Ensayos de fútbol - Antología. Tercer título de la colección Ensayos en libro.

Presentan:
Pedro Mairal
Fernando Aíta
Ezequiel Cogan
Guillermo Piro
Diego Sztulwark en pluma
Rubén Mira

Además, el guitarrista Facundo Gorostiza hará jueguito, Patricio Diego Suárez nos llenará de aliento, y la salvación de una noche la completará, animando, Rodrigo Noya en vivo.

Este viernes 18 de junio, desde 20.30, nos albergará Arte sin Techo, Medrano 107. Esperámosnos.

Thursday, June 03, 2010

y cordero atado

Muy buenos textos sobre los "festejos del Bicentenario", en un blog que conocí, alegrándome, gracias a Diego Sztulwark.
Una mirada que no descanse en los nombres de las cosas para darlas por sabidas.

Más reseñas

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Nueva tanda de reseñas en Soloentrevistas, de recientes libros de:
Mariana Enríquez
Fabio Morábito
Colectivo Situaciones
Jacques Ranciere
Haruki Murakami
Katja Lange-Muller
Marcelo Cohen
Jorge Alfonso
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