Wednesday, July 16, 2008

La patria blanca

Nota en Zoom sobre la marcha anti retenciones

De todo en la huerta del Señor

Agustín J Valle


“Mirá, mirá la cantidad de cabecitas”, dijo una señora cuya vestimenta, indumentaria y perfume parecían costar siete u ocho veces lo que recibe para ir a una marcha un reclutado por el clientelismo justicialista. La connotación despreciativa que casi inevitablemente tiene esa frase en Argentina en boca de una señora así sólo pudo ser evitada por un contexto tan singular como el del acto en el Monumento a los españoles: la espetó alegre cuando la milenaria multitud terminó de entonar al unísono cánticos católicos que la cohesionaron. Ave, María, y que viva la patria blanca.
No era –netamente- asco gorila el de la doña; era entusiasmo. ¡Cuánta gente! Y gente no acostumbrada a reuniones de tal masividad. Desde las inmediaciones, temprano, la población no se distinguía superficialmente de la habitual del barrio Botánico, salvo por las boinas, pañuelos y bombachas de campo. Concentración de gafas importadas, cutis de afiche y dentaduras perfectas; y cierto tono familiar de la cuestión hizo que muchos vecinos llevaran hasta sus Golden Retrievers (esos valen como doce pobres reclutados). Todos felices como quien sale al sol por vez primera, registrando el momento con los celulares fotográficos (cinco reclutados). Junto al Zoológico había columnas organizadas, pero desde antes de la esquina de República de la India hacia el centro, los millares de cuerpos ocupaban el espacio en forma dispersa, se agrupaban de a tres, cuatro, cinco, charlando, hasta el inicio del acto. Estaban haciendo sociales, lo más importante era su mutuo encuentro.
Haciendo sociales: tejiendo en la calle vida social desde la política. Justo una de las pocas cosas que al propietariado (rural o urbano) le menguó, al menos, desde la dictadura: iniciativa política callejera, sociabilidad política (auto)legitimada. ¿Cómo no va a entusiasmar ser dueño de la tierra y además de la capacidad de movilización pública? “Nos dimos cuenta de que nos estaban metiendo la mano en el bolsillo. Y acá nos plantamos”, gritó desaforado Alfredo de Angelis, hábil orador de salón ampliado. Con sonrisa se plantaban las señoras con botox, con sonrisa se plantaban las chombas de polo, felices de poder representar un papel que acostumbran a ver como virilidad ajena, el de enojarse ante un poder establecido, el de reclamar derechos y defender lo propio, aunque aquí sea defendiendo al privilegio como derecho natural –como señala el historiador Ezequiel Gatto-, y la tierra eterna como lo propio. Felices: de poseerlo todo y encima quejarse.
Sin embargo, la vida es sorpresa y asimismo las alianzas políticas. Nutrida columna aportó, por ejemplo, el Movimiento Socialista de los Trabajadores. Fue interesante cuando el locutor, pidiendo que se bajaran las banderas para facilitar la visibilidad del palco, dijo: “los muchachos de la izquierda, por favor, enrollen las banderas, ya todos las vimos, ya salieron todas en televisión, bajen por favor esa que tiene la foto de Lenin y del otro que creo que es Trotsky”. Es que el ruso asesinado en México por un sicario estalinista no es un logo al que los dirigentes de las entidades rurales estén habituados. Como tampoco están habituados los militantes del Partido Comunista Revolucionario, de incidente asistencia, a ser el público que sostiene hablando al presidente de la Sociedad Rural Argentina. Luciano Miguens resultó, dicho sea de paso, un orador muy torpe, monocorde y absolutamente insensible a los momentos en que hay que hacer la pausa porque vienen el aplauso. Claro: no está acostumbrado a liderar movilizaciones masivas.
El PCR y la agrupación de trabajadores desocupados que motoriza, la Corriente Clasista y Combativa, llegaron al acto encolumnados con la FAA, y algunos de sus miembros declararon a Revista ZOOM que si bien en la composición social del mitín había “de todo, casi todos vinieron por la Federación Agraria”. Al menos raros quedaban los revolucionarios clasistas como masa de un acto en cuya parte de “poesía” (a cargo de un tal Pampa Cruz) se gritó a los cuatro vientos que “padecen las poblaciones porque padece el patrón”.
En cualquier caso, con un consenso total de enemistad con los Kirchner (“decían que la soja es yuyo, ¡pero les salvó el país!”, fue la cúspide del tal Cruz), y un acuerdo en que pase lo que pase en el Senado el conflicto no termina (se dijo de mil maneras al micrófono), la heterogeneidad de la concurrencia deja entreabiertos los devenires posibles del “movimiento pro campo”. Por ahora, la capitalización del movimiento es fundamentalmente de los circuitos anímicos de las clases propietarias. Son ellos quienes más rotundamente se arrogan los colores y el nombre de la patria para desde allí firmar sus actos. Por ahora y todavía, Argentina sólo es negra si se la escribe de atrás para adelante.

Wednesday, July 02, 2008

¡Sos un yow!

"No sabemos de qué estamos participando. Las transformaciones más profundas son silenciosas, decía Nietzsche –aunque las advirtamos de pronto-, y hoy somos la carne de mutaciones que, al galope de las tecnologías que suprimen el tiempo entre los espacios, renuevan los modos de ser humanos a mayor velocidad de lo que pueden ser interpretadas e incluso registradas. Pero Sibilia (antropóloga argentina residente en Río) no se resigna. Y encuentra que los blogs (y flogs), en el uso que los masifica sin cesar, continúan la cuantiosa tradición del género de diario personal, pero como una versión muy distinta de lo mismo: allí donde solía haber cerraduras para proteger la intimidad bajo llave del mundo, de los otros, actualmente hay una exposición instantánea, en la que se extingue el sentido del relato de sí para sí. (...)"

* * *

[Sigue aquí la glosa al libro de Paula Sibila La intimidad como espectáculo, publicada en Rolling Stone de Junio].
Y aquí está la entrevista que le hice a Paula en Zoom

Monday, June 23, 2008

Productificar


"¿Qué pasa con Lost? Misteriosa es la serie no sólo en su trama sino en el fenómeno social que constituye: ¿qué le pasa a la gente con Lost?..."
Sigue en Nación Apache el artículo publicado en Debate, basado en el ya linkeado más abajo.

Tuesday, June 17, 2008

Por qué iría a Plaza de Mayo (interminado)

Por qué iría a la Plaza de Mayo mañana.

No porque me convoca Cristina, ni el gobierno kirchnerista.

Tampoco porque las retenciones me parezcan una medida ejemplar. De hecho creo que se apoyan en el modelo sojero, es decir el modelo de concebir al campo argentino como pura pieza del comercio agrícola mundial, en tanto necesitan a los que hoy son sus enemigos para recaudar plata. Por supuesto prefiero que tributen estos puntos porcentuales más, y no menos. Pero mucho más me convocaría que se dieran las condiciones para una discusión efectiva –es decir con algún amarre a sus referentes- sobre “la naturaleza del campo”, por así decir, o de otro modo, sobre su propiedad y sentido.
¿Y yo quién soy para decir qué tiene que pasar con esa tierra y su producto? Esa es un pregunta. Otra es quiénes son ellos, los dueños, para decidirlo: ¿potestad total sobre la tierra natural? Y otra pregunta es quién, o qué, es el Gobierno, para intervenir al respecto; no se trata, en estas preguntas, de atribuciones, sino de posibilidades.

El conjunto de la situación me resulta movilizador a la vez que me hace sentir impotencia, escisión entre mi capacidad de acto y las fuentes de lo que me afecta.

Decía que no me convoca ni Cristina ni tampoco, conceptualmente, las retenciones. La propiedad de la tierra, por otro lado, tampoco sé si me convoca en movilización; me indigna pero me indignó siempre y no siempre bastó para movilizarme (nunca bastó eso solo). Aunque lo mismo se observa en los caceroleros urbanos: son gente que supo indignarse repetidamente desde que yo recuerde, pero rara vez tanto como para llevar a algún tipo de acto. ¿Qué hace que ahora sí se quiebre el límite de lo tolerable?
Por un lado, ahora hay a disposición un tipo de acto bastante nuevo, joven (al menos en su forma esta), el caceroleo, como ruido desde el balcón y como concentración vecinal en las esquinas. Todo vuelve como farsa, puta madre. Porque en el 2001 el caceroleo tenía otro sentido, formaba parte de otro movimiento político. De hecho alteró los posibles en la política nacional, siendo la causa principal, considero, de todos los aciertos kirchneristas. Los que hoy cacerolean (muchos menos que en aquel entonces) en solidaridad con los dueños de la tierra comerciantes de soja transgénica, en ese entonces resultaban en alianza con los sectores que, extremadamente desahuciados económicamente, saqueaban supermercados; en aquel entonces Luis D’Elía, monigotón, como cualquier otro realizador de piquetes, tenía con la cacerola una lucha que era una sola.
Ahora bien, lo que terminaba de llevar a la acción a muchos caceroleros en 2001 –la frontera de la tolerancia- era la pérdida de sus ahorros bancarios. Le tocaban la cuenta y saltaban, como ahora cuando le tocaron la góndola. A todos nos tocan la góndola; parte del “conflicto” consiste en quiénes. Las cacerolas, antes batidas por la propiedad monetaria, se sienten parte prima de un cuerpo al menos mínimamente sólido: el del propietariado. La injerencia en la propiedad privada les resulta inaceptable, aunque no sea estrictamente injerencia en el carácter privado de esa propiedad sino sólo en la asignación parcial de sus frutos.
Si como dice Diego las retenciones no plantean preguntas políticas en tanto discuten la distribución y no la propiedad de los recursos naturales, ¿puede que el poder de designio distributivo sea considerado desde cierto nivel como atribución inherente a lo privado? Es como si hubiera una línea que divide lo privado intervenible por el Estado y lo privado-privado de la tierra. Es como dice Gatto: se naturaliza el privilegio.

Los propietarios de las tierras, ¿son dueños también de la capacidad de acción política? ¿La única visión del mundo y de la organización social que está encontrada con su capacidad de acto es la de las capas más favorecidas por un estado de cosas que hace que para casi todos casi todo sea una mierda? Que tengan la propiedad de la tierra y la propiedad de la política activa: eso me moviliza.
Iría a la plaza dándole el beneficio de la duda a que la plaza pueda exceder a Cristina, a sea el comienzo o parte de muchas micro instancias de diálogo y coordinación de movimientos, que nos ponga en disposición de agite de manera que tal vez la semana que viene o dentro de muchas ya la convocatoria cristinista esté forzada a ser mejor (acompañada de políticas más democráticas, etc), o prescindamos de ella; en fin, para dar el beneficio de la duda a la movilización que puede surgir (y lo que puede surgir de ella) cuando hay al menos un punto concreto que, con alto grado de acuerdo común, merece hacer.

Tuesday, June 10, 2008

Rant, de Chuck Palhaniuk - reseña


La nueva (ciencia) ficción del autor de Fight Club ofrece una experiencia intensa sin que haga falta tener una relación intensa con los libros en general. Atrevido, el foco de interés va cambiando, lo que al principio parece principal se revela expresión de una trama más profunda, se complejiza sucesivamente hasta que duele el cerebro pero no se puede parar. El trabajo de ingeniería de Palahniuk -descomunal, sutil- logra un ritmo veloz donde despliega su imaginación; escenas e historias muy vívidas, o sea muy singulares, que a la vez alertan sobre diversas dinámicas del control social. Salvajemente entretenido, divierte diciendo: ojo.
Toda la historia de Rant Casey (anunciado muerto al inicio) está contada mediante fragmentos de entrevistas a personas que lo conocían (a su vez coprotagonistas de lo relatado). Distintas voces y versiones nos cuentan primero sobre su infancia de Rant. Radicalmente insatisfecho con los premios que la sociedad tenía para ofrecerle (Indio Solari dixit), recorre los campos semi desérticos que rodean su pueblo buscando agujeros, guaridas de distintos animales. Encuentra uno y se acuesta de costado, mete el brazo hasta el fondo. Espera bajo el sol, ofreciéndose. Tan seguido lo hace que, cuando siente la mordedura, identifica de qué bicho se trata. Saca su miembro manando sangre, percibe comenzar el trabajo del veneno: “Así debería sentirse uno en la Iglesia”, dice.
La historia loquísima de Rant se traslada a la ciudad; allí también el dolor funciona como confirmador de existencia. Se integra a los choquejuerguistas (mucho mejor sería la novela con traducción argentina y no ibérica), un grupo secreto donde el ocio clandestino, que activa libido frustrada en la hostilidad del mundo, teje una red potencialmente subversiva (como en Fight Club). El juego aquí es por equipos y en autos; se dispersan por la ciudad, el objetivo es chocar a los otros, aunque con ciertas reglas, no es la idea llegar a la muerte. Sí acercársele; para no olvidarla, para sentirse vivos y también para tener algo de que hablar: la ficción de Palahniuk da cuenta de una realidad pública donde los encuentros están signados por el paradigma del choque. Tributa a J.G. Ballard y su novela Crash. En el mundo de Rant, el tránsito se había tornado tan caótico que se decidió desdoblar la organización social, dividiendo a la población en Diurnos y Nocturnos. Las choquejuergas, nocturnas, ofrecen una realidad genuina que contrasta con el entretenimiento que ha desplazado a los libros, las películas, los discos: las cúspides alucinadas, una especie de realidad virtual donde uno experimenta experiencias vividas por otro, con los cinco sentidos interpelados, para la cual los humanos tienen un “puerto” en la nuca, tipo Matrix. Bajo hegemonía de la tecnociencia, el cuerpo deviene chanchada. Palahniuk denuncia la alianza entre morbo masivo y medios de comunicación a través de una radio que informa sobre accidentes con partes médicos asquerosamente detallados. Y es también la condición orgánica la que hace tambalear la sociedad: Rant es el mayor “superpropagador” de virus mortal de la historia estadounidense. Claro que en ese tambalear, el miedo lava la moral del poder, y las libertades y garantías ceden a la prevención higienista frente a la epidemia. El parcelamiento social se transforma en segregación, en cuarentena masiva. ¿O estaría todo planeado? Con gran destreza Palahniuk presenta la verosimilitud de las hipótesis más paranoicas. Y todavía hay todo otro giro en la historia, una apuesta muy ambiciosa, casi excesiva, pero si no es en el arte donde nos atrevemos a arriesgarnos, dónde.
Revista Rolling Stone, mayo 08

Wednesday, May 28, 2008

Buena pero buena sanata

Acaba de salir este libro, bien recomendable para losteanos fundamentalistas.

Lleva como prólogo, pulidito para la ocasión, el ensayo sobre Lost que escribí para Ensayos En Vivo en diálogo con Ricardo Romero (con su posdata).

Monday, May 26, 2008

Vasos comunicantes



Guerrilleros es una reescritura del Diario del Che en Bolivia pero... Y es un “pero” de fertilidad multiorgásmica. Repleto de humor, no podría decirse que parodia el original puesto que no hay burla. Los guerrilleros, para empezar, son adolescentes. Reciben el año 1984 juntos en el monte. Planean construir el hombre nuevo revolucionario unificando sus memorias (y hasta rostros) con las de héroes de la liberación latinoamericana ya martirizados en plomo (como Che); cuentan para hacerlo con la Máquina Recicladora, que remodelará sus conciencias a través de una pila que cada uno tiene implantada en el cerebelo desde bebé. Activar esa pila es esencial; el modo es tomar y tomar cocaína...

Aquí sigue la reseña que hice de Guerrilleros (una salida al mar para Bolivia), de Rubén Mira, publicada en RS de marzo.

Friday, May 16, 2008

Y dame otro whisky

Pensar con las patas andando, o en las fuentes; pero no en el Senna.

Si hay guerra contra Francia me alisto. ¡Y si quieren devenir, que devengan!