Macrismo Estéreo

El mismo amarillo
La belleza tiene nombre: Juan Román Riquelme. Con esa belleza Boca ganó la Libertadores. River, mientras tanto, es el lugar de un episodio futuro: el recital regreso de Soda Estéreo. Recitales, mejor dicho. Cómo no, por qué no, si mal no se llevan y se lo piden todos: el mundo tira para allá. Como cuando el mundo hizo de Soda Stereo el nombre del apellido MTV, o como cuando hizo de Gustavo Cerati un modelo publicitario. El mundo, qué es el mundo, siempre algo distinto, lo que está hecho, lo que hacemos; el mundo es una coartada infinita. El mundo es la empresa ex argentina Quilmes queriendo estratégicamente despegarse del fútbol y, como táctica para lograrlo, empapándose de Cerati; del otro lado de ese encuentro, el mundo es una carrera musical transformándose en el argumento que valoriza la imagen del músico para el mercado publicitario (lo que lo lleva de músico con imagen a modelo del rubro musical). ¿Qué sabor tiene ese encuentro? ¿Orientado por qué fuerzas del mundo, y qué tipo mundo conforma?
Soda Stereo, en sus carteles callejeros, asegura felicidad: un breve texto convoca al recital sobre un fondo amarillo, un fondo que es todo el cartel, porque el cartel es una de esas típicas caras redondas sonrientes yankis. Ese amarillo es igual a otro cartel, tan el mismo amarillo que puestos al lado se confunden: el de los que dicen “Gracias. Pro”.
El mismo amarillo, la misma alegría. Macri es a la política lo que Soda Stéreo al rock: el dominio de las fuerzas bajas del mundo. Los moviliza el mismo motor ontológico.

El eficientismo
¿De qué sabor es el encuentro entre los porteños y Macri. ¿De belleza? ¿Qué vende Macri? ¿Qué de los habitantes de esta ciudad se encuentra con Macri (que también se presenta como imagen, a diferencia de Román que es la sistemática realización de una práctica)?
Macri vende un estilo de vida, escuché decir hace poco a una terapeuta de linaje posmo progresista. El estilo de llegar puntual y olor a desinfectante nuevo en los hospitales. El estilo racionalista que llevó a Boca a la cima del mundo. El eficientismo, eficientismo engalanado de marketing joven. Pero ya en su primer discurso tras la contundente victoria en primera vuelta, mostró más: “Vamos a resolver los problemas de los vecinos (resáltese vecinos), el problema de la inseguridad (¿así en general, inseguridad, se quedan sin laburo los terapeutas?), el problema de los hospitales deficientes, el problema de las casas tomadas...”. El problema que ve son las casas tomadas, no el déficit habitacional: lo ve desde su consolidada casa. Allí revela su perspectiva; eso también vende Macri, una toma de partido. Lejos del tercer lugar neutral entre los actores sociales que el Estado teoriza sobre sí mismo, Macri propone un lugar parcial desde donde ver lo que sucede en el espacio público.

Éxito o criterios
Lo que llega a ser más peligroso son las mayorías. Hoy constituye mayoría el argumento de que Macri va a hacer cosas. La ciudad para él es lo que era Boca en el 96: un árbol medio podrido que, si optimiza su funcionamiento, en cuatro u ocho años le dará frutos para mostrar y reclamar así ir el premio más gordo, el bosque todo. Le conviene, ergo, que su gestión dé resultados tangibles y, como Soda Estéreo, felicidad a la gente. En cambio la gestión Filmus, desde la conveniencia del Gobierno Nacional, probablemente se ocupe más de “fortalecer la organización política del Frente Para al Victoria” que de darle a los porteños lo que quieren. Total Kirchner ya tiene y tendrá también frutos de otros lados.
Un viejo militante izquierdista decía hace poco: “No lo voto por principios, pero que va a hacer cosas, va a hacer cosas”. Por principios: el progresismo ha extraviado la dimensión de los resultados. No dejó en ese campo ni un peón. La eficiencia es de derecha. Por eso, como dice Alejandro Rozitchner (intelectual no se diría orgánico, sino mediático, del Pro), “Macri es el tabú del progresismo porteño”.
Macri va a hacer cosas, muchas más que las que hubiera hecho Filmus: demos eso por sentado. Ahora bien, ¿cómo las hará? ¿Con qué criterios? El eficientismo se presenta como la pura gestión racional de la cosa pública. Lo cual implica olvidar la posibilidad del conflicto, el cruce de intereses, etcétera. ¿Desde la emoción de quién decidirá en los momentos de duda? La ciudad va a cambiar más en manos de Macri que lo que hubiera cambiado en otras.
Temo. Porque por algo aparenta suponer inexistente el constante choque de poderes y resistencias en la marea social. Marea en la cual casi todas las cosas parecen haber salido mal en los últimos, ¿cuánto, cincuenta años?, marea de donde Macri emerge, legitimado por el éxito social de la clase empresaria, incluso aunque hijo de lo más antisocial de dicha clase. Que el Estado ya no existe, che, y Mauricio llevó a Boca del infierno al cielo.

Valores intangibles
Boca, en efecto, cambió mucho con Macri. Bastante súbitamente, ir al baño en la Bombonera perdió su carácter aventurero. La cancha se volvió un espacio previsible. Se recogió la tradición estadounidense de las porristas. Ganamos todo, aunque sufriendo cuando nuestros hombres más hermosos -Riquelme, Tévez, Bianchi- se quejaran por maltratos de Mauricio. Boca pasó de ser el paradigma de club popular de deporte folcórico a una exitosa marca internacional. Instituyó un sello oficial para los productos y persiguió todo objeto azul y oro no oficial: atacó el surgimiento inmanente de esos colores. Ganamos todo, hizo muchas cosas, pero con qué criterio, con qué idea de Boca. Lo dijo, repetidas veces, convencidísimo, y no lo hizo porque no pudo: Macri quería abandonar la Bombonera y que Boca y River compartieran un moderno estadio único.
La alegría por los éxitos de Boca se ensombrece por la alteración que su ser sufrió en el proceso. ¿O acaso lo que lo hace a uno ser hincha de su equipo son los títulos?
Ese deseo macrista, esa forma de ver a Boca, al fútbol, revela el sentido desde el que piensa sus actos, revela su escala de prioridades en la concepción del encuentro social. En el eficientismo, la lógica de la gestión se impone por sobre el valor inmanente de lo gestionado, por sobre la belleza intrínseca de las cosas, que es la que nos hace amarlas.

Estado del cuerpo colectivo
Temo. Porque Boca tiene mucho más poder de resistencia que Buenos Aires (y temo por los porristas callejeros que endulzan el aire urbano). ¿Cuál será el “estadio único” en la gestión de la ciudad, qué mejoramiento horroroso? ¿Encerrar las villas con murallas? Eso pondría a la ciudad a la moda mundial. Macri sabe que no sólo cayó el muro, sino que cayó el mundo emergido de dicha caída, y ahora los muros son modernos; Macri sabe cuál es el pasado, por eso supo que decir que los noventas son pasado ya es el pasado y resultó indemne a esa crítica.
Insisto, desde un temor que siento en el cuerpo: ¿Cuál es la lógica de sentido o de sinsentido que deriva en el macrismo? Deriva, digo, porque ya existía: el progresismo venía realizando tareas de derechas, como la prohibición a vender alcohol en los kioscos, que limpió las esquinas de grupos de amigos, o como el enrejamiento de las plazas, donde ya no se puede entrar de noche. La tendencia restrictiva en el espacio público fue, en esta elección, nada más que blanqueada. Los ánimos colectivos asumieron su presente orientación derechista. ¿Qué se dice al decir “derechista”? Si en los noventa la sociedad sintió (“la sociedad sintió” como gigantesco cúmulo de sentires interactuantes) que el Estado por ineficiente debía retirarse de grandes áreas de la vida social y crecer la gestión privada, hoy se decide que incluso aquello que queda de Estado debe ser gestionado desde la perspectiva privada. La sociedad está encontrada con sus impotencias.

Comments

Hernan said…
(como iba diciendo) muchas veces, desde el exilio físico en el que me encuentro, me detengo a pensar en los avatares de política argentina. No por politologo, mas si por argentino.
En ese sentido, en reiteradas ocasiones me imagino en una reunion de amigos, de esas en las que estan los amigos y los amigos de los amigos, o peor aun, los familiares de los amigos (los familiares de los amigos de nuestros amigos no entran en distinción, porque estos a mas que conocidos, son extraños). Y que en dicha circunstancia, surge la discusión política. Y quiero aclarar que cuando digo discusión, teniendo en cuenta el contexto, me refiero al intercambio de frases escuchas al pasar, basadas mas que nada en el “sentido común” colectivo, manejadas ya sabemos por quien... no? En cualquier caso, no una opinión objetiva producto del estudio, sino mas bien un rejunte de infundadas impresiones (por no empezar a analizar en este corto mensaje la influencia de los medios en la opinión publica, tema del cual ya ha sido mucho lo que han escrito personas que saben mucho mas que yo, sobre ese y muchísimos otros temas).
En cuanto al carácter “política” de tal discusión, tampoco me refiero a la discusión de ideas, de un modelo , una vision; sino mas bien a la intervención de los muñecos (de torta) de turno en cualquiera de los calamitosos medios al que estamos expuestos(el programa de Marce, por ejemplo).
Quiero aclarar también, que el hilo de mis relatos muchas veces, sobre todo después de aquellos abusos... y a propósito... de que estaba hablando? ...ah, que a veces se pierde.
De todas formas, lo que quería decir, era gracias.
A vos pebete agustin.
Por haber encontrado las palabras (previo análisis) de mi repulsión por el próximo gobernador de la provincia de Buenos Aires, Mauricio... (sera yeta pronunciar su apellido, como lo era el del patilludo...teniendo en cuenta sus orígenes, me prevengo)
Lo digo, porque muchas veces, desde la distancia, y dado mi exacerbado interns hacia cosas mucho mas intrascendentes como la música, me falta argumentos para contestarle al típico familiar facho de esos amigos imaginarios (no voy a hablar de los que estan en nuestra propia familia...) en fiestas igualmente imaginarias, en donde la lógica practica del de derechas no es facilmente abatible, con un “yo no lo voto porque es un hijo de diez mil putas” (lo cual, claro esta, no significa que no sea verdad).
Por eso, Valle, le agradezco por haberme dado las armas (argumentos) con los cuales defender mi posicion.
Ahora viene lo mas jodido... recordarlos.
En cualquier caso, pueden estar seguros de una cosa:

YO NO VOTE A MAURICIO...

Chaucha

Hernán
AjV said…
Hernán,

El miedo es una verdad para todos. Y eso (además de los dispositivos que acotan la densidad pensable de las imágenes públicas) hace difícil rebatir las posiciones atrincheradas en pos de Mauricio. Pero a veces el miedo conduce a la trinchera y otras al frente de batalla.

Su commentario me deja en un lugar extraño. Me alegra, por supuesto. Pero en esa alegría justamente reside la extrañeza, porque reniega de mandatos clásicos (para mí) respecto del sentido de un pensamiento.
Le di, según dice, palabras para defender su posición. Luego dice lo mismo pero en vez de palabras pone, como sinónimo, “armas”. Que las palabras sean armas ya en un logro en esta época de ruido. Pero apunto a que el texto sirvió para darle más peso a la posición que ya tenía, no indujo un movimiento. Si favorece la repetición, el pensamiento no es tal, dice el mandato al que me refiero (que si debe aprobar la repetición de algo usa la triquiñuela de que “en rigor no hay repetición, que la quinta vez que sucede algo es única e irrepetible en tanto primera vez que sucede por quinta...”).

Salvo que.
Porque la escritura de este texto consistió para mí en pensar por qué un triunfo de Macri me daba miedo. No se trataba solamente de forjar argumentos: se trataba de escribir no tanto para transmitir como para enterarse, como dice Sasturain.
Tal vez hay un movimiento –con destino impredecible en tanto movimiento- en ver si las propias impresiones están realmente abiertas al mundo, amarradas a cosas, o destilan como inercia la articulación entre nuestra costumbre y el palabrerío del aire que nos envuelve. Arriesgaría que tener dentro discursos en conflicto (personificados en amigos de nuestros amigos) sintomatiza que admitimos la posibilidad de esa inercia en nuestro pensamiento.
Tal vez hay un movimiento entonces, el movimiento de investigar si uno realmente piensa lo que piensa.

Pos Tata: apretando su nombrecito no llego a nada.
AjV said…
Fe de errata:

"...que las palabras sean armas ya ES un logro..."

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