La dialéctica se la come

G. estaba tendido en la cama de hospital de la habitación de hospital. Esperando a un rato del alta tras una cirujía no vital. Y entró un tipo alto, sesentón, sonriendo. Sonrisa de cejas muy enarcadas, lejos de los ojos, sonrisa de complicidad, como si hubiera, entre él y G., cosas dadas por sentadas. Era un cura, y aunque las palabras cura y hospital son íntimas, G. no entendía la presencia del religioso, ni su garbo exultante con el que parecía querer festejar con él su mutuo encuentro. Parecía un actor de Hollywood actuando de cura. Pillo, sonreía como un perro tonto y no decía nada; G. tuvo que darle el habla:

- ¿Sí?
- ¿Sos católico?
- No.
- ¿Qué sos? –dijo sin soltar la sonrisa.
- Ateo.
- Bueno, si querés conocer en qué consiste la fe cristiana, y en qué no consiste, preguntá acá por el capellán.

Y comenzó el retorno hacia la puerta sin dejar de sonreírle, actuando aguda fraternidad. Pero cuando la alcanzaba, G. se sumó al generoso impulso por compartir lo que se tiene:

- Oiga, jefe, si usted luego quiere conocer un poco más acerca del ateísmo, también avise.

Y el cura tenía ya su cuerpo tras la puerta pero antes de terminar de cerrarla metió la cabeza y mandó:

“Ojo con la dialéctica, porque la dialéctica siempre al final se come al dialéctico”. Y se fue.


“Pero claro –comentó luego, al respecto, Mr. Pez-, los tipos la tienen muy clara en dialéctica. Pensá además, imaginate, desde la adolescencia deciden renunciar al sexo, y se la pasan hablando! Toda la intensidad de los vínculos pasa por ahí, entonces le dan y le dan a la dialéctica.”

“Claro –comentó sobre el comentario el caballero Suárez-, con los putos muchas veces es igual: tardan varios años más en tener actividad sexual, y en ese tiempo de ensimismamiento energético se hacen re inteligentes”

“Ajá. Mirá: esa analogía entre curas y putos es como si dijéramos un razonamiento de género blogger”.

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