Tuesday, March 20, 2007

Rial dice Rial

Rial dice: voy a entrar a la casa. Rial, por cierto, para cumplir con la digresión de rigor que corresponde a toda segunda frase, encarna también una oscura destreza televisiva, la de hacer convivir la estupidez extrema con una aguda inteligencia.

Rial dice: “Gran Hermano, ¿puedo entrar a la casa? Voy a entrar a la casa”. Pero a diferencia de lo que el televidente de a pie pensaría inevitablemente, Rial no entra a la casa por una puerta, no: entra a través de un televisor. Los “chicos” en un living se disponen alrededor del aparato, donde aparece la imagen de Rial con sonido y todo. También él existe en tanto está en la pantalla.
Esa irrupción de Rial, o mejor, ese modo de la presencia, iguala a los recluidos en la casa con nosotros, la gente: ambos somos visitados televisivamente. En ese sentido cuando dice “voy a entrar” no pifia, porque ese es su modo de ser, el televisivo. No es que va a entrar una imagen de él, porque eso es él; la distinción supondría un refugio subjetivo genuino encarnado en el cuerpo. Pero Rial ha fabricado a Rial.
Rial incluso ve ese desdoble: cuando habla con “los chicos” puede ver el televisor que ellos ven donde está su imagen, Rial. En toda la escena, la palabra “Rial” designa a eso: la imagen de Rial. ¿Por qué no otorgarle su legítima propiedad de la primera persona? Lo que tiene poder verbal de “yo” de Rial es eso que entra a “la” casa y a las casas en un televisor. Inmolándose en su imagen, Jorge Rial cumple con los requisitos del lugar que ocupa.

[Párrafo dudoso: "Los chicos están en una especie de bisagra donde algo todo lo que de ellos se había constituido en relaciones interpersonales, de relaciones con otros, sirve ahora de carreta indispensable hacia el régimen que los hará existir, y los sostendrá, en una relación de mismidad, de elemento inerte dispuesto a la mirada, es decir, de existencia en desrelación. Esos bombones que creen que arman un gran cacao, han ganado reputación pero son muñecos vudú de esta sociedad-especáculo. Anhelan el momento de adhesión (literalmente adhesión: pasan a la bidimensionalidad) a esa faz de ellos que logre circular como imagen, sostenida en las miradas que congrega".]

4 comments:

Funes said...

...interesante... igual, me gustaría remarcar algo: Nosotros como gente no podemos igualarnos a los chicos de la casa.
A nosotros no nos encienden la TV para "invadirnos" con el genial rostro de Rial en un horario determinado. Si tenemos suerte y buen pasar, agarramos un control remoto y escribimos su dirección para que nos invada.
Nosotros vamos a buscarlo a él y en ese sentido, no podemos decir que no elegimos estar ahí.


...pasaba, nomás...

AjV said...

Funes, suenio con tu voz....

Los televidentes no solo eligen sino que garpan, viste? Pero lo que me cuesta pensar es al dinamica entre los adentro's y afuera's; esos pibes estan como en una bisagra?

Alejandro said...

un post foucaultiano dijo que no estabamos mas en una sociedad panoptica, sino que ahora era exactamente al revez, estamos todos mirando a un centro y es esa mirada la que genera poder. Nos encerramos nosotros mismos en la casa, porque? no se

AjV said...

La famosa y nunca bien ponderada inversión del panóptico.
Una expresión que me gusta mucho, en el sentido de que creo condensa un gran equívoco socialmente acumulado, es "vivo de" tal cosa, y sus variaciones. Porque asume sinónimos "vivir" y "ganarse el pan", o la plata, qué joder. Subjetivamente uno "vive de" muchas otras cosas. Esto es obvio; precisamente por poder despreciar lo obvio es que la expresión es reveladora.
Pero en fin, a qué iba: la otra vez por la calle escuché una conversación donde unos tipos (laburaban reparando el asfalto) hacían una ronda en la que cada cual contaba a qué famoso había visto "en persona". Lo que más claro me tocó oir, a la pasada, fue: "yo una vez lo vi a Tití Fernández". ¿Qué vida -y cómo- vive de Titi Fernández?