Borrador puro y duro

Entre lo que se quiere, lo que se puede y lo que se debe, se talla el accionar. Son las tres variables que definen las líneas formales de nuestra carne arrojada al tiempo en carrera loca. Aunque en verdad nunca sabemos cuán veloz o lenta o loca o certera es la carrera, metidos en un decurso. Cuando abrimos los ojos ya estamos yirando en una red, que es caótica cada tanto y por zonas. Es decir caótica estructuralmente: un gran caos de movimiento sostenido que con tiempo y espacio va albergando zonas lógicas. En esas zonas lógicas hay un parámetro que puede medir la velocidad y el malabar que repitamos. Cuando se participa de una zona lógica, de un entorno, lo normal, el grado cero, es esa lógica; nosotros, por ejemplo, no sentimos el movimiento de la faz planetaria de la que participamos porque ella, dentro del caótico cosmos, es nuestra zona lógica, nuestro parámetro para decir que el espacio exterior es frío o que tal galaxia va lento... Si nos adherimos al viento no sentimos viento.

Y sin embargo la propulsión tiene siempre un punto de engarce contingente, relativizable. La movilización de la vida, ¿está dada? ¿Somos inercia? No se puede tener fiaca de respirar. Hay una pereza que consiste en acoplarse de manera absoluta a la velocidad y prescripciones del entorno, por más que dicten una hiperactividad.

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