Partículas a mí

Preparé comida fría, todo lo posible, para mi almuerzo de las seis
de la tarde. venía con calor!

A mí las gotitas,
la partícula de tierra que viene desde tal vez Brasil para reunirse en danza con miles de
compañeras continentales,
para sofregarse aquí en una plancha marina té con leche
que llega más allá de donde la tierra persigue hacia abajo su curvatura.
¿Uruguay?

Un barco enorme.
distante, lento hacia el océano: la derecha. ¿estará ahí el canal? ¿el barco media justo entre las dos orillas? ¿verán los colonienses
la otra faz del barco pero no a mí?

El viento incesa desde mi hombro derecho. Desde La Boca. Sudestada será?
Es a la vez una sola masa gigantesca (mucho más gigantesca que la masa de tierra potencialmente en contacto con nosotros) y es también miles de empujones cada uno en un sentido micronésimamente distinto. Escribo temblando; primavera, régimen del engaño.

En la costanera no hay asientos, hasta que hay una especie de plaza que sale en semicírculo sobre la línea de la costa. Caminado más o menos el sesenta y cinco por ciento del semicírculo, se ve en el agua una estructura de hormigón medio
hundida. ¿Un muelle caído
en desuso? Pero está a varios metros del muro costero
y tiene forma de carcasa de barco.
Indistinguible si era otra cosa afín que quedó ahí o una pieza de la costanera esta desprendida. Mojada con lo dulce que nuestro padre trae.

Se aprenden, por los vaivenes de los ruidos, los accidentes del viento.

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