Movilizaciones que derraman: allí va el terror

Hay que leer a dónde la razón gobernante dirige su terrorismo, para entender cuáles son las líneas de fuerza más fértiles de la movilización.
"La izquierda sacrifica al cuerpo, la derecha lo exprime; el feminismo lo rescata", le escuché decir -palabras más o menos- al querido Bruno Napoli. La reivindicación feminista es una afirmación del cuerpo presente, y sus derechos inmediatos; son las potencias del cuerpo exigiendo cancha.
En movilizaciones contra el 2x1 a genocidas, y por justicia por Santiago Maldonado, también está en el centro una reivindicación de la vida, de la empatía, pero no abstracta, sino que en sí misma liga con disputas sobre vectores fundamentales del orden social (la propiedad de la tierra, la segmentación jerárquica de la población, etc).

Movilizaciones que ponen en el centro al cuerpo y sus derechos de libertad presentes, el cuerpo y todo lo que puede -potencia cuyos límites son dados por la violencia del poder-: movilizaciones cuya implicación, como me señaló Diego Skliar, no se sabe a dónde termina. A esa potencia de derrame apunta el terror.
Los reclamos contra el impuesto a las ganancias o por dos puntos porcentuales de salario, se sabe dónde terminan. El encuadre programático disputa al interior del orden; la movilización sin finalidad cerrada disputa cuál es la realidad presente. Hay una realidad de la vida que se sostiene solo si estamos movilizados, y desmintiendo, al menos un poco, que cada uno tiene su vida y ya.
¡Santiago Maldonado, presente!
Sobre estas ideas reflexiona la columna "Solo las cosas, lo demás no importa nada" que aquí dejo  (sale todos los martes trasnoche 1am; y ahora, también sale a las 14:10 los martes en La experiencia del desierto, conducido por Ezequiel Abalos en la misma sintonía: ¡gracias!).