La guerra castigo

Por Martin Krymkiewicz

Soplan vientos de pos-soberanía. Un estado-militar decide castigar un país por no ejercer el monopolio de la coersión.
La hipótesis que nos convoca a pensar es que Israel decidió hacer “inviable” un país por no ser lo suficientemente soberano, o sea por no controlar (y posiblemente apoyar) las bandas del Hezbollah que operan en su territorio (justamente ahora que han dado un salto cualitativo en su poder de fuego).
Y justamente porque Líbano es ejemplo de las dificultades para una articulación estatal posible y donde, como en Afganistan (y quizás Irak), en vez de un territorio soberano articulado en una democracia representativa encontramos una “organización” de bandas en conflicto permanente.
Nuestra intuición foucaultiana nos orienta en esta discontinuidad: si la guerra estatal era una disputa entre soberanías por el dominio, una lucha por imponerle un sentido al enemigo, de asimilarlo, estas guerras “preventivas” son otra cosa. El castigo no parece tanto una imposición de dominio, sino la condicionalidad de un “estado” que pueda “responder” por lo que ocurre en su territorio, o hacerlo “inhabitable”.
No es exterminio o asimilación lo que se juega, sino una capacidad de intervención bio política tal que puede amenazar la existencia.
La experiencia israelí en Palestina ha sido y es un laboratorio de la guerra del futuro que ya acontece en cada orbe: una guerra “ambiental”, donde se trata de ejercer un control a través de la gestión del conflicto y el orden (fundamentalmente a través del control de flujos sobre el territorio), estilo apto para situaciones donde falta “estado” que responda.
La victoria de Hamas en Palestina es también un punto de inflexión en esta lógica porque ha “soberanizado” un tipo de conflicto que es imposible articular estatalmente.
Desde esta perspectiva es absolutamente lógico que el blanco del ataque en Líbano y Palestina (y lo que tanto nos horroriza) sea efectivamente la infraestructura y la población civil. Israel ha desatado Sodoma y Gomorra sobre Líbano por no ser lo suficientemente estado. Pareciera que somos testigos de cómo Israel está decidiendo que si un territorio no tiene algún tipo de orden estatal compatible con Occidente (al menos “administrativo” como en Irak) existe hoy “autoridad” suficiente como para convertirlo en un desierto.


Comments

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